PRÓLOGO:
En un principio estaba Eru, el único, que en Arda después
fue llamado ILÚVATAR, él creó a los AUNIR y les propuso una imagen de gran
poder que les descubrió secretos y poderes aun más grandes que en los que en ningún sueño hubieran podido concebir… y ellos, al interpretarlo a través de su
pensamiento crearon ARDA…
Tres grandes temas les propuso Eru y todos ellos fueron
interpretados en consonancia, pero unos pocos quisieron acaparar el poder de la música
cambiando el fondo de la creación…
De entre todos ellos hubo uno que rivalizó en poder con
todos sus hermanos… MELKOR…
ERU les dijo a aquellos espíritus… “Yo soy ILÚVATAR, y os mostrare lo
que habéis creado con vuestra música… a MELKOR le advirtió que nadie puede
alterar su poder o la música a su pesar, porque aquel que lo intentara sólo
descubría que es sólo un instrumento para la creación de cosas más bellas
todavía que él nunca podría imaginar…
Este
es la historia de aquellos hombres… uno de tantos que se convirtió en Héroe
de los hombres en las guerras de los Elfos contra Morgoth… HURIN THALION el que
se atrevió a desafiar a MELKOR y pagó el más alto precio por su osadía…
CAPITULO 1
Las piedras de un sendero sin nombre saltaban alrededor,
haciendo a lo que para los oídos del
elfo era un ruido ensordecedor, su montura aunque herida en la batalla y
agotada aun avanzaba con rapidez tras casi una hora de huida… había perdido el
escudo y agotado todas sus flechas pero sabía que no podía detenerse hasta
encontrar a las fuerzas congregadas de los Edain…
Por fin divisó la luz de una hoguera
y unas voces que no conocía que aunque él consideraba que no fueran bellas,
jamás se podrían confundir con el estruendo orco… había llegado por fin a su
destino…
Según se iba acercando, varios
hombres altos vestidos con coraza aparecieron de repente de la espesura y
armados con largas lanzas le asaltaron obligándole a detener su montura en
seco.
-
Alto, quien va! - dijeron ambos soldados con
voz amenazante al unísono.
-
Soy un mensajero del Rey Felagund- dijo él -
llevadme inmediatamente ante vuestro capitán-.
-
¿Dónde se encuentra su Rey, mi señor elfo?,
-le interrogo uno de los guardias- hace horas le esperábamos, por suerte
pudimos coger a los orcos desprevenidos y los vencimos con facilidad.- dijo
el soldado, mientras retenía el bocado del caballo del elfo-.
-
Los orcos nos emboscaron cuando El Rey se
apresuraba desde el sur y va a morir si no me llevas rápido con tu capitán
–dijo el mensajero de forma afectada, por el cansancio y por la impaciencia que
le provocaba la pasividad del soldado humano.
Se
escuchó una voz grave que llamo a los guardias
-
Itubal, ¿qué sucede? – Dijo un hombre
acercándose
-
Un mensajero elfo que trae noticias del Rey
Felagund y que desea hablar con vos mi señor…
-
Soy Barahir, capitán de los hombres de
Dhortonion- dijo el hombre joven.
-
Mi señor, el rey Felagund me envía a pediros
ayuda, ha caído en una emboscada en los pasos del Sirion y se encuentra
acorralado, tres mensajeros salimos en busca de ayuda, a dos les vi caer con
flechas empenachadas de negro en la espalda y me temo que de no recibir ayuda,
será muerto o capturado – dijo el mensajero-.
-
¡Pronto! - gritó en dirección a sus soldados
– ¡A las armas!, preparaos para salir.
-
Faltan tres largas horas para el amanecer aun –dijo
Beregund-
-
Atacaremos al amanecer - le respondió el
capitán, mirándole a los ojos-.
-
Ven amigo, -le dijo al elfo - acércate y
recupérate frente al fuego, partiremos en auxilio del Rey en poco tiempo.
Con
una velocidad que sorprendió al elfo en poco menos de una hora partieron hacia
el sur con casi un centenar de hombres.
-
No son suficientes, - dijo el elfo,
refiriéndose al grupo de hombres que le acompañaban- mientras cabalgaba al lado
del capitán de los Edain.
-
Tendrán que bastar, -dijo Barahir- el resto
del ejercito se encuentra luchando en Tol Sirion defendiendo el paso de
Orodreth.
-
Que Elbereth te oiga –Dijo el elfo-.
Hacía
pocos días que había comenzado la Dagor Bragollath, la batalla de la “llama
súbita” apodada así por los ríos de fuego que habían asolado la pradera de
ard-galen y que había matado a todos los elfos que vigilaban Angband a los que
no les había dado tiempo a huir a los fuertes.
El
asalto sorpresa de los ejércitos de Morgoth a todas las fortificaciones de las
explanadas defendidas por los elfos se contaban por victorias y sólo las plazas
más fuertes aguantaban la cruel y brutal embestida, además, la desorganización
producida por la sorpresa y el humo de
los incendios había confundido a los defensores y en estos momentos todas las
fuerzas estaban siendo ampliamente superadas en todos los frentes.
-
¡Alto!- dijo a media voz el capitán
levantando la palma de la mano.
-
Mi señor, -dijo uno de los exploradores- es
imposible acercarse sin que nos descubran, habrá más de un millar de orcos-
dijo el hombre con temor-.
-
No hemos venido hasta aquí para huir de esa
maldita ralea orca- dijo mirando al elfo-.
-
Baragund, Belegund, coged a 20 hombres y
seguidme, Felerel tú apostaras al resto de los hombres entre los árboles…
-
¿el resto? –pregunto el elfo-
-
El resto nos cubrirá,- dijo Barahir con un
amigo de sonrisa- los orcos no saben de nuestro número así que les dividiremos
y les obligaremos a que nos persigan…
-
¡Hombres de Dhortonion!, preparaos para la
batalla - dijo con voz queda mientras la mayoría partía hacia el este.
-
¡Malditos, pagareis por esto! - dijo el
mensajero elfo en lengua común, con una voz apena audible.
-
Vamos bazofia –bramaba- ¡acabad de un vez con
ellos!
-
Sus arqueros son certeros y… -no acabó la
frase de queja pues la cimitarra orca de Urlg le había seccionado la cabeza de
los hombros.
-
Dejad de gimotear, ratas, -Dijo Urlg-
-
Atacad u os arrancare vuestro apestoso pellejo
yo mismo –añadió, señalando al orco descabezado de su lado con su arma.
-
La entrada es estrecha, -dijo otro orco
cercano, desde lo que él consideraba una distancia segura , lo suficientemente lejos de la desenvainada
cimitarra del cabecilla orco-.
-
Tendremos que atacar con todas las tropas y
nos causaran muchas bajas –dijo otro orco patizambo con poco entusiasmo.
-
UHG! –gruñó-, Me da igual las bajas q sufráis escoria miser…
-
Manditos Inútiles, -bramó-
-
¿Y nuestros vigías? –dijo el cabecilla orco.
-
¡Acabad con esos arqueros! - Aulló Urlg-
mientras señalaba el lindero del bosque con su cimitarra curva.
-
Bien, es nuestro momento –dijo Belegund-
Varios
hombres empuñaron los arcos disparando con precisión y abatiendo a varios orcos,
pero ninguno con la maestría del elfo, parecía que por cada flecha que lanzaban
los arqueros humanos el elfo lanzaba dos…
-
¡Ahora!, ¡seguidme! Gritó Barahir mientras
saltaba desde su escondite en la floresta.
Urlg
no salía de su asombro, y aun trataba de comprender de donde venían las flechas
y de donde salían tantos humanos, cuando de repente sintió algo caliente bajándole
por su pecho infecto y un agudo dolor proveniente del cuello le obligó a caer
de rodillas mientras todo se oscurecía a su alrededor…
-
Vamos mis valientes, por el Rey!, por
Felagund! gritaba Barahir - mientras otra cabeza orca hendida por su
espada dejaba un charco en la hierba de
sangre negra.
Los
Hombres gritaban en mitad de la carnicería y los orcos supervivientes sin un
cabecilla que les dirigiese y que sumaban poco más de trescientos se volvieron
para huir pues los supervivientes elfos acorralados del marjal habían salido y
estaban realizando estragos entre las filas enemigas, el sorprendido ejercito
orco dividido y atacado desde varios flancos se desintegró, convirtiéndose en
una febril carrera hacia todos lados, dejando el campo de batalla sembrado de
cadáveres de orco.
-
"Aiya, Mellon" – dijo Felagund, en cuanto vio a
Barahir – creí que esta vez sería nuestro fin, donde se encuentra mi hermano
Orodreth?- pregunto el rey-.
-
Mi señor, el príncipe Orodreth defiende el
paso con el resto de mi gente – respondió Barahir- Su mensajero nos advirtió y sin
demora, vinimos en cuanto pudimos pero ahora tenemos que irnos antes de que
vuelvan los orcos.
-
¿Mi mensajero?, Cuál de ellos sobrevivió?
–dijo felagund- pensé que no habría escapado ninguno y cuando os oímos llegar
pensé que era mi hermano con refuerzos…
-
El que ha venido con nosotros nos advirtió de
la urgencia en la que os encontrabais majestad – de repente miro a su lado
buscando al mensajero elfo- que durante buena parte de la batalla se había
mantenido a su lado, pero no le encontró…
-
No me dijo su nombre –dijo Barahir con
tristeza-
-
Felagund se acercó y dijo al verle –se
llamaba cirithtal-
-
A él le debéis la vida, mi rey, él fue quien
nos encontró, sin él nunca hubiéramos sabido donde estabais.
-
No amigo –dijo el rey apoyando una mano en el
hombro de Barahir- a vos os debemos nuestras vidas tanto yo como la de los que
me acompañan.
-
Barahir! Gritó Belegund, vuelven!
-
Vamos mi señor, tenemos que irnos –dijo
Barahir-
Aun
estaban saliendo del claro cuando escucharon un cuerno orco en la floresta y
grupos de orcos avanzando… las ballestas orcas empezaron a soltar su mortífera
carga.
-
Hilan, Dermun, -dijo Barahir- cruzad deprisa
y preparaos para cortar las cuerdas cuando todos hayamos pasado, id, rápido –
-
Vosotros dos acompañadles –dijo Felagund, a
dos de sus elfos-.
-
Por fin, esta es la última de las cuerdas,
venga Dermun apresúrate, -dijo Hilan-
Estaban
terminando de cortar las cuerdas, cuando los primeros orcos aparecieron, pero
su prisa les llevo a acercarse con demasiada temeridad, la cual les hizo pagar
con sus vidas pues la puntería de los dos arqueros elfos acabó con prontitud
sus miserables vidas, el resto de la avanzadilla espero prudentemente a que
llegaran refuerzos, a los pocos momentos en el otro lado del puente se reunió
un centenar de orcos que empezaron a disparar sus ballestas, con tan mala
fortuna para los hombres que derribaron a los arqueros elfos y una de ellas se
hundió cruelmente en el corazón de Dermun.
Tras
esperar unos momentos el Rey Felagund se acercó a Barahir y le dijo:
-
Tú y tus hombres habeis realizado un gran
sacrificio hoy, el cual no será olvidado, os debo mi vida, y a partir de ahora
estoy en deuda con los de tu casa –dijo el buen rey-
-
Gracias majestad – pero no existe deuda
alguna, añadió Barahir.
-
Toma esto entonces, no como recompensa, sino
en señal de mi amistad, hermano – le dijo Felagund, mientras se quitaba algo
que brillaba de la mano y se lo tendía a Barahir-
-
Este es mi emblema y es el anillo de mi casa,
-dijo- realizado por los míos en las tierras que abandonamos, para luchar
contra el mal de Morgoth, tómalo en muestra de mi juramento y de mi amistad.
Más
tarde se separaron y con el tiempo Barahir se convirtió por derecho en señor de
la casa de Bëor y regresó a Dhortonion con las nuevas de que el Rey Felagund
había vuelto a salvo a Nargothrond...
Espero que les haya gustado, tengo más y con tiempo iré añadiendo pedazos al relato.
Espero que les haya gustado, tengo más y con tiempo iré añadiendo pedazos al relato.