sábado, 4 de mayo de 2013


PRÓLOGO:

 

En un principio estaba Eru, el único, que en Arda después fue llamado ILÚVATAR, él creó a los AUNIR y les propuso una imagen de gran poder que les descubrió secretos y poderes aun más grandes que en los que en ningún sueño hubieran podido concebir… y ellos, al interpretarlo a través de su pensamiento crearon ARDA…

Tres grandes temas les propuso Eru y todos ellos fueron interpretados en consonancia, pero unos pocos quisieron acaparar el poder de la música cambiando el fondo de la creación…

De entre todos ellos hubo uno que rivalizó en poder con todos sus hermanos… MELKOR…

ERU les dijo a aquellos espíritus… “Yo soy ILÚVATAR, y os mostrare lo que habéis creado con vuestra música… a MELKOR le advirtió que nadie puede alterar su poder o la música a su pesar, porque aquel que lo intentara sólo descubría que es sólo un instrumento para la creación de cosas más bellas todavía que él nunca podría imaginar…

 Desde ese momento en MELKOR anidó un resentimiento secreto y se aparto de sus hermanos y con envidia se proclamo dueño de ARDA y con odio fue poco a poco convirtiéndose en el mayor y más poderoso azote destructor del mundo…

 La mayoría de los Valar eran buenos, pacíficos y amantes de la vida, adoptaron las diferentes formas que existían en Arda… Manwë dios de los cielos, Varda diosa de las estrellas, Ulmo Dios de los mares, Aule dios de la tierra, Yavanna diosa de la naturaleza, Oromë dios cazador de los Bosques y Tulkas el dios de la guerra… muchos más bajaron con el tiempo y muchas edades después se les llamó Istari o Magos… pero algunos con el tiempo, cambiaron por el deseo de acumular el poder para ellos y la envidia hacia sus hermanos, estos se acabaron convirtiendo en espíritus oscuros de gran poder como SAURON o como los Balrog

 Así que finalmente hubo guerra entre los dioses por el dominio de Arda, y… Manwë, casi igual en poder que Melkor convocó a muchos espíritus tanto mayores como menores… y en medio de la última batalla apareció riendo,  Tulkas el guerrero, y la fuerza de este, arredró al mismo Melkor que trato de huir a lo más profundo de su fortaleza pero Tulkas fue más rápido y dándole alcance lucho con las manos contra Melkor venciéndole, desde el suelo una vez derrotado Melkor pidió clemencia y perdón pero  fue arrojado al vacio intemporal con la cadena que Aüle había creado para él… Angainor.

 Durante estos combates la tierra cambio de forma dividiéndose en dos enormes continentes separados por un gran mar. Valinor hogar de Los Valar y la Tierra Media.

 Los poderes con el tiempo olvidaron y perdonaron a MELKOR… y tras su liberación MELKOR los volvió a traicionar llevando a este mundo tanta maldad como pudo, junto con UNGOLIANT un gran espíritu oscuro insaciable de poder con forma de araña, concibió la destrucción de los árboles de los valar con los que  iluminaban el mundo…

 Con la destrucción de los árboles de los Valar y la evasión de MELKOR llamado después MORGOTH… -El Enemigo oscuro del mundo-  y tras el robo y el asesinato del Rey de los Noldor Finwë comenzaron las guerras de los Elfos… la matanza de hermanos en alqüalonde y llegaron a su fin las edades de los árboles. Al tiempo que  los hombres despertaron en Cuivinen con la creación del sol.

Este es la historia de aquellos hombres… uno de tantos que se convirtió en Héroe de los hombres en las guerras de los Elfos contra Morgoth… HURIN THALION el que se atrevió a desafiar a MELKOR y pagó el más alto precio por su osadía…

 

CAPITULO 1

Las piedras de un sendero sin nombre saltaban alrededor, haciendo a lo que para los oídos del  elfo era un ruido ensordecedor, su montura aunque herida en la batalla y agotada aun avanzaba con rapidez tras casi una hora de huida… había perdido el escudo y agotado todas sus flechas pero sabía que no podía detenerse hasta encontrar a las fuerzas congregadas de los Edain…

 

            Por fin divisó la luz de una hoguera y unas voces que no conocía que aunque él consideraba que no fueran bellas, jamás se podrían confundir con el estruendo orco… había llegado por fin a su destino…

 

            Según se iba acercando, varios hombres altos vestidos con coraza aparecieron de repente de la espesura y armados con largas lanzas le asaltaron obligándole a detener su montura en seco.

-       Alto, quien va! - dijeron ambos soldados con voz amenazante al unísono.

-       Soy un mensajero del Rey Felagund- dijo él - llevadme inmediatamente ante vuestro capitán-.

-       ¿Dónde se encuentra su Rey, mi señor elfo?, -le interrogo uno de los guardias- hace horas le esperábamos, por suerte pudimos coger a los orcos desprevenidos y los vencimos con facilidad.- dijo el soldado, mientras retenía el bocado del caballo del elfo-.

-       Los orcos nos emboscaron cuando El Rey se apresuraba desde el sur y va a morir si no me llevas rápido con tu capitán –dijo el mensajero de forma afectada, por el cansancio y por la impaciencia que le provocaba la pasividad del soldado humano.

 Se escuchó una voz grave que llamo a los guardias

     -       Itubal, ¿qué sucede? – Dijo un hombre acercándose

-       Un mensajero elfo que trae noticias del Rey Felagund y que desea hablar con vos mi señor…

 El cambio en la voz del soldado, mezcla de respeto y admiración llamó la atención del elfo, aunque no tanto como el aspecto de su capitán… no debería de contar con más de 30 años lo cual sería ser un niño entre los de su raza y sin embargo no dudaba de la madurez del hombre que se acercaba a él con paso firme.

 

-       Soy Barahir, capitán de los hombres de Dhortonion- dijo el hombre joven.

-       Mi señor, el rey Felagund me envía a pediros ayuda, ha caído en una emboscada en los pasos del Sirion y se encuentra acorralado, tres mensajeros salimos en busca de ayuda, a dos les vi caer con flechas empenachadas de negro en la espalda y me temo que de no recibir ayuda, será muerto o capturado – dijo el mensajero-.

-       ¡Pronto! - gritó en dirección a sus soldados – ¡A las armas!, preparaos para salir.

-       Faltan tres largas horas para el amanecer aun –dijo Beregund-

-       Atacaremos al amanecer - le respondió el capitán, mirándole a los ojos-.

-       Ven amigo, -le dijo al elfo - acércate y recupérate frente al fuego, partiremos en auxilio del Rey en poco tiempo.

 El mensajero elfo, tras una reverencia se marcho en dirección al fuego dejando al Capitán Barahir dando instrucciones para la salida inmediata y fue acompañado de un hombre que debía ser uno de los curanderos de la tropa que con habilidad limpio y vendo sus heridas.

Con una velocidad que sorprendió al elfo en poco menos de una hora partieron hacia el sur con casi un centenar de hombres.

-       No son suficientes, - dijo el elfo, refiriéndose al grupo de hombres que le acompañaban- mientras cabalgaba al lado del capitán de los Edain.

-       Tendrán que bastar, -dijo Barahir- el resto del ejercito se encuentra luchando en Tol Sirion defendiendo el paso de Orodreth.

-       Que Elbereth te oiga –Dijo el elfo-.

 

Hacía pocos días que había comenzado la Dagor Bragollath, la batalla de la “llama súbita” apodada así por los ríos de fuego que habían asolado la pradera de ard-galen y que había matado a todos los elfos que vigilaban Angband a los que no les había dado tiempo a huir a los fuertes.

El asalto sorpresa de los ejércitos de Morgoth a todas las fortificaciones de las explanadas defendidas por los elfos se contaban por victorias y sólo las plazas más fuertes aguantaban la cruel y brutal embestida, además, la desorganización producida por  la sorpresa y el humo de los incendios había confundido a los defensores y en estos momentos todas las fuerzas estaban siendo ampliamente superadas en todos los frentes.

 
Así pensaba el elfo con tristeza mientras cabalgaban, cuando dos exploradores aparecieron deprisa trayendo uno de ellos una ballesta pesada perteneciente a un orco…

-       ¡Alto!- dijo a media voz el capitán levantando la palma de la mano.

-       Mi señor, -dijo uno de los exploradores- es imposible acercarse sin que nos descubran, habrá más de un millar de orcos- dijo el hombre con temor-.

-       No hemos venido hasta aquí para huir de esa maldita ralea orca- dijo mirando al elfo-.

-       Baragund, Belegund, coged a 20 hombres y seguidme, Felerel tú apostaras al resto de los hombres entre los árboles…

-       ¿el resto? –pregunto el elfo-

-       El resto nos cubrirá,- dijo Barahir con un amigo de sonrisa- los orcos no saben de nuestro número así que les dividiremos y les obligaremos a que nos persigan…

-       ¡Hombres de Dhortonion!, preparaos para la batalla - dijo con voz queda mientras la mayoría partía hacia el este.

 Cuanto más se acercaban mayor era el estruendo, si, pensó Barahir, el Rey aun debe seguir vivo, mientras se movían con cautela entre los arboles cercanos para no ser detectados se encontraron con numerosos cadáveres descuartizados que pertenecían a elfos del ejercito del Rey Felagund.

-       ¡Malditos, pagareis por esto! - dijo el mensajero elfo en lengua común, con una voz apena audible.

 Mientras tanto, en el claro cerca del marjal, Urlg estaba sorprendido por la dura resistencia de los últimos supervivientes elfos, y arengaba a sus tropas a acabar de una vez por todas con la postrera resistencia de los elfos 

-       Vamos bazofia –bramaba- ¡acabad de un vez con ellos!

-       Sus arqueros son certeros y… -no acabó la frase de queja pues la cimitarra orca de Urlg le había seccionado la cabeza de los hombros.

-       Dejad de gimotear, ratas, -Dijo Urlg-

-       Atacad u os arrancare vuestro apestoso pellejo yo mismo –añadió, señalando al orco descabezado de su lado con su arma.

-       La entrada es estrecha, -dijo otro orco cercano, desde lo que él consideraba una distancia  segura ,  lo suficientemente lejos de la desenvainada cimitarra del cabecilla orco-.

-       Tendremos que atacar con todas las tropas y nos causaran muchas bajas –dijo otro orco patizambo con poco entusiasmo.

-       UHG! –gruñó-,  Me da igual las bajas q sufráis escoria miser…

 No pudo terminar la frase pues de repente las flechas silbaban  a su alrededor y se dio cuenta que les estaban atacando desde los arboles… 

-       Manditos Inútiles, -bramó-

-       ¿Y nuestros vigías? –dijo el cabecilla orco.

-       ¡Acabad con esos arqueros! - Aulló Urlg- mientras señalaba el lindero del bosque con su cimitarra curva.

 Los orcos tardaron unos momentos en identificar la dirección de donde provenían las flechas y en comenzar a disparar sus propias ballestas contra el bosque, en pocos momentos más de la mitad del ejército orco corría aullando en la dirección de donde provenía la mortífera descarga de flechas, adentrándose en el bosque.

-       Bien, es nuestro momento –dijo Belegund-

Varios hombres empuñaron los arcos disparando con precisión y abatiendo a varios orcos, pero ninguno con la maestría del elfo, parecía que por cada flecha que lanzaban los arqueros humanos el elfo lanzaba dos…

-       ¡Ahora!, ¡seguidme! Gritó Barahir mientras saltaba desde su escondite en la floresta.

Urlg no salía de su asombro, y aun trataba de comprender de donde venían las flechas y de donde salían tantos humanos, cuando de repente sintió algo caliente bajándole por su pecho infecto y un agudo dolor proveniente del cuello le obligó a caer de rodillas mientras todo se oscurecía a su alrededor…

-       Vamos mis valientes, por el Rey!, por Felagund! gritaba Barahir - mientras otra cabeza orca hendida por su espada  dejaba un charco en la hierba de sangre negra.

Los Hombres gritaban en mitad de la carnicería y los orcos supervivientes sin un cabecilla que les dirigiese y que sumaban poco más de trescientos se volvieron para huir pues los supervivientes elfos acorralados del marjal habían salido y estaban realizando estragos entre las filas enemigas, el sorprendido ejercito orco dividido y atacado desde varios flancos se desintegró, convirtiéndose en una febril carrera hacia todos lados, dejando el campo de batalla sembrado de cadáveres de orco.

-       "Aiya, Mellon" – dijo Felagund, en cuanto vio a Barahir – creí que esta vez sería nuestro fin, donde se encuentra mi hermano Orodreth?- pregunto el rey-.

-       Mi señor, el príncipe Orodreth defiende el paso con el resto de mi gente – respondió Barahir- Su mensajero nos advirtió y sin demora, vinimos en cuanto pudimos pero ahora tenemos que irnos antes de que vuelvan los orcos.

-       ¿Mi mensajero?, Cuál de ellos sobrevivió? –dijo felagund- pensé que no habría escapado ninguno y cuando os oímos llegar pensé que era mi hermano con refuerzos…

-       El que ha venido con nosotros nos advirtió de la urgencia en la que os encontrabais majestad – de repente miro a su lado buscando al mensajero elfo- que durante buena parte de la batalla se había mantenido a su lado, pero no le encontró…

 Mirando hacia atrás observo con pena un cuerpo que no se movía y que había tratado de quitarse un cuchillo orco de su axila, la mala suerte había hecho que la flexible y dura coraza elfa no hubiera podido evitar la emponzoñada arma.


-       No me dijo su nombre –dijo Barahir con tristeza-

-       Felagund se acercó y dijo al verle –se llamaba cirithtal-

-       A él le debéis la vida, mi rey, él fue quien nos encontró, sin él nunca hubiéramos sabido donde estabais.

-       No amigo –dijo el rey apoyando una mano en el hombro de Barahir- a vos os debemos nuestras vidas tanto yo como la de los que me acompañan.

-       Barahir! Gritó Belegund, vuelven!

-       Vamos mi señor, tenemos que irnos –dijo Barahir-

 El rey dijo unas palabras en Quenya  y los elfos que estaban indemnes cargaron a los que estaban heridos, mientras que los hombres de Dhortonion se pusieron a la retaguardia cerrando la marcha.

Aun estaban saliendo del claro cuando escucharon un cuerno orco en la floresta y grupos de orcos avanzando… las ballestas orcas empezaron a soltar su mortífera carga.

 Siguieron huyendo en dirección al sur hacia los escarpados pasos del Sirión ahí al menos después de cruzarlo tendrían oportunidad de escapar, mientras se aproximaban comenzaron a  escuchar el fuerte ruido que hace en esa zona el Sirion y se encaminaron hacia el puente para cruzarlo…

-       Hilan, Dermun, -dijo Barahir- cruzad deprisa y preparaos para cortar las cuerdas cuando todos hayamos pasado, id, rápido –

-       Vosotros dos acompañadles –dijo Felagund, a dos de sus elfos-.

 No había terminado la frase cuando aquellos hombres ya casi estaban prestos para cortar las toscas y resistentes cuerdas que sustentaban el estrecho puente.

 
-       Por fin, esta es la última de las cuerdas, venga Dermun apresúrate, -dijo Hilan-
 

Estaban terminando de cortar las cuerdas, cuando los primeros orcos aparecieron, pero su prisa les llevo a acercarse con demasiada temeridad, la cual les hizo pagar con sus vidas pues la puntería de los dos arqueros elfos acabó con prontitud sus miserables vidas, el resto de la avanzadilla espero prudentemente a que llegaran refuerzos, a los pocos momentos en el otro lado del puente se reunió un centenar de orcos que empezaron a disparar sus ballestas, con tan mala fortuna para los hombres que derribaron a los arqueros elfos y una de ellas se hundió cruelmente en el corazón de Dermun.

 Los orcos empezaron a cruzar y Hilan desesperadamente seguía tratando de cortar la cuerda cuando otra saeta orca acabo con su vida, el grupo de orcos siguió avanzando, mientras que uno de los elfos malheridos y con la mirada de la muerte recogió su arco del suelo, sacó una flecha de su carcaj y apoyándose en un tronco cercano, la disparó contra una de las cuerdas , el cuerpo fláccido del elfo cayó a continuación al suelo atravesado por varios disparos orcos y su alma se encaminó hacia los senderos destinados para los Eldar y que sólo Mandos conoce.

 Empero el destino, quiso que esa flecha cumpliera bien con su cometido, y finalmente con un chasquido brusco,  la cuerda principal se rompió dejando el puente colgante un momento como flotando, mientras se balanceaba en tal precario estado que el peso de los orcos al avanzar sobre el puente sustentado únicamente por una debilitada cuerda hizo el resto, y el Sirion se llevó con fuerza, lejos, los restos del puente,  junto con los cadáveres de los orcos ahogados que cayeron al rio.

 Mientras avanzaban lo más deprisa que podían Felagund escuchó el estruendo del puente al caer y mando detener al grupo.

Tras esperar unos momentos el Rey Felagund se acercó a Barahir y le dijo:

-       Tú y tus hombres habeis realizado un gran sacrificio hoy, el cual no será olvidado, os debo mi vida, y a partir de ahora estoy en deuda con los de tu casa –dijo el buen rey-

-       Gracias majestad – pero no existe deuda alguna, añadió Barahir.

-       Toma esto entonces, no como recompensa, sino en señal de mi amistad, hermano – le dijo Felagund, mientras se quitaba algo que brillaba de la mano y se lo tendía a Barahir-

-       Este es mi emblema y es el anillo de mi casa, -dijo- realizado por los míos en las tierras que abandonamos, para luchar contra el mal de Morgoth, tómalo en muestra de mi juramento y de mi amistad.

 

Más tarde se separaron y con el tiempo Barahir se convirtió por derecho en señor de la casa de Bëor y regresó a Dhortonion con las nuevas de que el Rey Felagund había vuelto a salvo a Nargothrond...

Espero que les haya gustado, tengo más y con tiempo iré añadiendo pedazos al relato.

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